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Crónica de un viaje de Semana Santa 2025 por Italia

La Semana Santa de 2025 comenzó con la llegada a Roma, con el equipaje no tan ligero y el corazón expectante. El alojamiento, a pocos pasos del Vaticano, permitía despertar cada mañana con la muralla y la cúpula de San Pedro recortando el cielo. Las calles del barrio se llenaban de peregrinos, y campanas que marcaban el ritmo de los días santos. Las colas para entrar a la basílica parecían interminables, pero el murmullo de oraciones en decenas de idiomas creaba una atmósfera única.

Durante las primeras jornadas, la ciudad se vivía entre procesiones discretas, misas solemnes y paseos al atardecer cerca del Castel Sant’Angelo y el río Tíber. La Plaza de San Pedro, iluminada, se convertía en un océano de fe y silencio compartido. Cada rincón del Vaticano recordaba siglos de historia, arte y espiritualidad, mientras la Semana Santa avanzaba con una mezcla de recogimiento y turismo.

De Roma a Florencia: arte, trenes y colinas toscanas

El viaje continuó en tren hacia Florencia, atravesando paisajes de colinas verdes y pueblos diminutos que aparecían y desaparecían a través de la ventanilla. Al llegar, la ciudad recibió con su perfil inconfundible del Duomo y sus tejados rojizos. Las calles empedradas, llenas de vida, guiaban hacia la Piazza della Signoria, donde las esculturas parecían vigilar el ir y venir de los visitantes.

Florencia se convirtió en un museo al aire libre: la Galería Uffizi, el Ponte Vecchio al atardecer y las vistas desde Piazzale Michelangelo ofrecían una Semana Santa distinta, más artística que litúrgica, pero igualmente intensa. Entre helados artesanales y pequeñas trattorias, el viaje tomaba un tono más íntimo, como si cada cuadro y cada iglesia renacentista contaran su propia versión de la Pasión.

Venecia: canales, niebla y silencio

El siguiente tramo en tren llevó hasta Venecia, donde el agua sustituye a las calles y los grandes paseos a pie se mezclan con el chapoteo de las góndolas y los barcos de transporte local . La llegada a la Piazza San Marco fue como entrar en un escenario suspendido en el tiempo. Las palomas, las cúpulas bizantinas y el sonido lejano de un violín creaban una atmósfera casi irreal.

Durante esos días, Venecia se mostró cambiante: mañanas de niebla suave sobre los canales, mediodías de luz dorada reflejada en las fachadas y noches silenciosas en las que solo se escuchaba el agua golpeando las orillas. Los paseos por el barrio alrededor de la estación y los pequeños puentes sin nombre ofrecían una Semana Santa más contemplativa, donde la espiritualidad se encontraba en el silencio y la belleza.

Regreso a Roma: Termini, despedidas y una noticia inesperada

El viaje de regreso terminó en Roma, esta vez, alojado junto a la estación Termini. El contraste con el entorno del Vaticano era evidente: el ruido de los viajeros que iban y venían sin descanso. En Roma destacamos las visitas y caminata por el Coliseo y el Foro Romano.

Justo el último día del viaje, mientras nos preparábamos para el vuelo de vuelta, llegó la noticia que marcaría para siempre la memoria de aquella Semana Santa: el fallecimiento del Papa Francisco, el Papa Bergoglio. Todas las pantallas comenzaron a mostrar titulares, los teléfonos sonaban sin parar y, poco a poco, un silencio respetuoso se fue imponiendo entre los viajeros.

En cuestión de minutos, Roma cambió de ritmo. Las campanas de las iglesias comenzaron a repicar con un tono grave, y en los alrededores del Vaticano se formaron espontáneamente corrientes de fieles que acudían a rezar. La ciudad, que ya había sido escenario de días de recogimiento, se sumió en una mezcla de duelo y gratitud. El viaje, que había sido una ruta de arte, historia y fe, se transformó en un testimonio directo de un momento histórico para la Iglesia y para millones de personas en todo el mundo.

Al abandonar Roma desde el aeropuerto, la sensación era la de haber vivido no solo un itinerario turístico, sino también una crónica íntima de Italia en Semana Santa: Roma solemne, Florencia artística, Venecia silenciosa de noche y, al final, una ciudad entera despidiendo a su pastor. La Semana Santa de 2025 quedó grabada como un viaje en el que cada ciudad aportó su propia luz, y en el que la noticia del adiós al Papa Bergoglio dio un significado inesperado y profundo a cada recuerdo.

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